Slow Food en el Día Mundial de la Alimentación: «Las prácticas agroecológicas como solución a la crisis del agua y para garantizar la seguridad alimentaria»

«Creemos firmemente que la conservación del agua es una parte intrínseca de la agricultura sostenible. Las formas locales de agricultura y producción alimentaria puestas en práctica desde las comunidades Slow Food de todo el mundo han conservado cada gota de agua como un bien precioso. No solo producen alimentos seguros, sino que también preservan el agua limpia. Estos métodos, que deben reforzarse y mantenerse para superar la grave crisis de los recursos hídricos mundiales, pueden resumirse en una palabra: agroecología». Edward Mukiibi, presidente Slow Food, centra su atención en las soluciones existentes para intentar resolver la crisis del agua actual que afecta a tantas personas en todo el mundo.

El agua es vida, el agua nutre. No dejar a nadie atrás es el principal mensaje transmitido por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación con motivo de la celebración, el 16 de octubre, del Día Mundial de la Alimentación. «Como han subrayado, 2400 millones de personas viven en países con estrés hídrico y muchas de ellas son pequeños agricultores o comunidades indígenas. La agricultura desempeña un papel central en el uso del agua, ya que representa el 72 % de las extracciones mundiales de agua dulce», añade Mukiibi.

Las comunidades de Slow Food de todo el mundo sufren a diario escasez de agua y sequías, y tratan de encontrar soluciones naturales para satisfacer sus necesidades, tanto agrícolas como personales.

«El agua es la piedra angular de nuestra vida cotidiana, nuestra salud y nuestro futuro. Sin embargo, en nuestra comunidad el acceso a este recurso vital no siempre es fácil. Nos enfrentamos a desafíos persistentes: los cortes abusivos del agua, que nos obligan a pensárnoslo dos veces antes de utilizar este precioso recurso, y la escasez», informa Jean Martial Djèdjé, de la comunidad Slow Food Jeunes Dynamiques pour la préservation de la biodiversité de Port-Bouet, en Costa de Marfil. «Somos conscientes de la necesidad de cambiar las cosas. Sabemos que cada gota de agua es un bien de la naturaleza que no debe desperdiciarse. Es hora de que nos unamos como comunidad para concienciar sobre la importancia del agua y abogar por unas instalaciones hídricas fiables y accesibles. Tenemos que educar a nuestros vecinos sobre la conservación del agua, la reparación de fugas y el uso prudente de este recurso».

Según Nakawooya Florence, representante de la comunidad del alimento Kasaalu Kyogya de Slow Food en Uganda, «la escasez de agua en nuestra zona se está convirtiendo cada vez más en una gran amenaza para nuestras prácticas de producción. Esto nos ha obligado a replantearnos nuestros métodos de cultivo y a centrarnos en técnicas de conservación del suelo, como el uso de cobertura para retener la humedad. Es un proceso de aprendizaje constante, pero nos estamos adaptando para garantizar una producción sostenible. La situación nos ha obligado a explorar técnicas innovadoras como la recogida de agua de lluvia y el riego por goteo para que cada gota cuente. Ahora tenemos un estanque comunitario donde aprovechamos el agua corriente de la lluvia y que utilizamos en épocas de sequías prolongadas. Como productores agroecológicos, hemos sido testigos del devastador impacto de la escasez de agua en nuestros medios de vida. Empezamos a colaborar con las comunidades locales para explorar fuentes de agua alternativas que salvaguardaran nuestras prácticas agrícolas. A través de ello, solicitamos el apoyo de Slow Food Uganda para construir un depósito subterráneo que recogiera el agua de lluvia para el riego. Esta agua se utiliza principalmente para la producción de hortalizas, lo que garantiza un suministro constante».

«Chiloé es un archipiélago del sur de Chile compuesto por una isla más grande y 40 más pequeñas, en una zona de alta pluviosidad. Sin embargo, hay muchos lugares donde el agua escasea y, cuando deja de llover durante un par de semanas, las comunidades deben recibirla en camiones», añade Marcela Ramos, presidenta de Slow Food Chile. «Chiloé ha sido declarado por el Estado de Chile como polo de desarrollo energético debido al potencial de producción de electricidad a partir de la instalación de parques eólicos. Desgraciadamente, esta instalación se realiza en lo alto de la cordillera, donde el agua se acumula gracias a las turberas y pomponales, lo cual destruye las reservas de agua de nuestra isla. Los beneficios de esta producción de energía eléctrica van a parar a empresas transnacionales que no se responsabilizan de los efectos de su actividad. Chiloé es un sitio SIPAM (FAO) y, sin embargo, los responsables políticos no protegen nuestro territorio.

Slow Food participa activamente en el proyecto SANAPI: agua, tierra y bosque, la trama de la biodiversidad y la protección del trabajo de las abejas, que en Bolivia tiene como objetivo crear condiciones más sostenibles para el uso de los recursos naturales en las áreas principales, en particular mediante la protección y el refuerzo de las funciones ambientales del bosque en favor de la cantidad y calidad del agua disponible. La acción se lleva a cabo junto con las ONG italianas ASPEM y CEVI, gracias a la financiación de la AICS.

¿Cuál es la solución?

«Una vez más, la solución puede encontrarse en la agroecología. En realidad, la mejora de la gestión del agua del suelo está en el centro de la producción sostenible de los alimentos, y la gestión sostenible del agua agrícola es uno de los principios en los que se basa la agroecología».  En concreto, esto hace referencia al uso sostenible de los recursos hídricos de las explotaciones mediante la gestión del sistema suelo-agua con un uso optimizado de las fuentes de agua: agua de lluvia y de riego, así como mediante la reducción de las pérdidas de agua. «Es hora de adoptar un enfoque responsable sobre el agua, reduciendo la demanda en lugar de pedir más».

En términos más generales, y según Slow Food, la agroecología representa un enfoque holístico e integrado que puede garantizar el acceso universal a una dieta rica en nutrientes que sea culturalmente apropiada, preserve la biodiversidad y los recursos naturales, mitigue la crisis climática y restablezca el papel central de los agricultores en el sistema agroalimentario, promoviendo también la justicia social y los derechos humanos. De hecho, muchas prácticas agroecológicas de gestión del agua tienen como objetivo mejorar la capacidad de retención del agua del suelo en lugar de exigir un aumento del suministro, ya que el agua se está convirtiendo cada vez más en un recurso escaso.

#WorldFoodDay

 

Fuentes

FAO.org

https://www.actioncontrelafaim.org/wp-content/uploads/2022/01/3.-Water-management-in-agroecology-VF.pdf

 

 

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