Slow Food: ¿cómo se centrará en la alimentación la COP 28?

Para diseñar un nuevo sistema alimentario, la agroecología debe guiar el camino.

La Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 28) se celebrará en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, próximamente, del 30 de noviembre al 12 de diciembre de 2023.

Después de que la COP 27 dedicara por primera vez un pabellón a la alimentación, tanto los alimentos como los sistemas alimentarios estarán ahora en el centro de los debates en Dubái. «Aunque apreciamos que se reconozca oficialmente que la alimentación desempeña un papel tanto de impulsor del cambio climático como de solución para el mismo, Slow Food seguirá de cerca los debates y las conclusiones de la COP 28. La organización revisará qué soluciones se proponen para una urgente transformación del sistema alimentario y si los gobiernos aprovecharán la oportunidad del momento de balance del Acuerdo de París para revisar los planes climáticos nacionales e incluir los sistemas alimentarios con un enfoque holístico», comenta Edward Mukiibi, presidente de Slow Food. «Existe el riesgo de que el debate ignore la complejidad de los sistemas alimentarios, las causas profundas de la inseguridad alimentaria insostenible, como los desequilibrios de poder y la producción industrial de alimentos, y el hecho de que los países del Sur global están desproporcionadamente afectados por el cambio climático. De hecho, parece que la próxima “Declaración de los Emiratos sobre agricultura sostenible, sistemas alimentarios resilientes y acción climática” no incluye medidas ni objetivos concretos para transformar eficazmente los sistemas alimentarios ni aclara cómo deberían ser unos “sistemas alimentarios más sostenibles”. En nuestra opinión, un sistema alimentario sostenible se basa en la agroecología». La agroecología no es solo un conjunto de prácticas agrícolas, sino una visión que se centra en la biodiversidad, la conservación de los ecosistemas y las capacidades y necesidades de las comunidades. Es un modelo que puede garantizar la seguridad alimentaria a largo plazo para todo el mundo y está reconocido y promovido por movimientos de soberanía alimentaria, grupos de reflexión y organizaciones internacionales, como las Naciones Unidas.

Y continúa de este modo: «Esta es la primera COP que se celebra tras el Sexto informe de evaluación del IPCC, en el que se afirmaba de forma inequívoca que tenemos que actuar ya, o será demasiado tarde, y en el que se volvía a subrayar cómo el sistema alimentario en general podría producir hasta alrededor del 35 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. También es importante recordar que el IPCC concluye que un enfoque agroecológico contribuye a la seguridad alimentaria, la salud, la biodiversidad y la sostenibilidad».

 

Los sistemas alimentarios industriales impulsan el cambio climático

El modelo agroalimentario moderno e industrializado adoptado en los últimos 50 años ha tenido un impacto devastador en el clima y el medio ambiente: contaminación, erosión del suelo, paisajes marcados, reducción de los recursos energéticos y una pérdida general de diversidad, tanto biológica como cultural. Bajo este modelo, la producción agrícola ha adoptado la forma de agroindustria o agronegocio. Las dos características distintivas del sistema ―a saber, el creciente uso de insumos derivados del petróleo, como fertilizantes, pesticidas y combustible para la maquinaria agrícola, y la producción de monocultivos, principalmente para producir piensos―, han tenido graves consecuencias para el medio ambiente y han puesto en peligro la supervivencia económica de los pequeños agricultores. Según este modelo, los recursos naturales se consideran meras materias primas que hay que consumir y explotar a gran escala, poniendo en peligro nuestra salud y el medio ambiente.

Por lo tanto, durante los debates de la COP 28, habrá que centrar la atención en las grandes empresas cárnicas y lácteas, responsables de un alto porcentaje de las emisiones, ya que es posible que estas empresas intenten sugerir soluciones de alta tecnología o técnicas de greenwashing (blanqueo ecológico) para ocultar sus responsabilidades.

En la COP 28 se presentarán muchas soluciones potenciales y podemos esperar una batalla acerca de las diferentes visiones que hay de la agricultura.

Habrá que centrarse en la formulación concreta utilizada durante la COP. Podrían utilizarse términos como intensificación sostenible, que a menudo se utiliza en asuntos como agricultura de precisión, alimentar al mundo, mercados globales: «Ahí es donde esta visión se encontrará en verdadero antagonismo con la agroecológica y donde las empresas intentarán esconderse detrás de técnicas y terminologías de blanqueo ecológico», añade Mukiibi. Grandes empresas agrícolas con una elevada huella de carbono, así como algunos institutos y fundaciones, abogan por la intensificación sostenible, que se sustenta en la idea de que la agricultura industrial puede y tiene que seguir creciendo, sobre todo para alimentar a una población mundial en aumento, pero puede hacerlo causando menos daños, produciendo más con menos. Sin embargo, este enfoque ignora la evidencia de que el hambre es más una cuestión de acceso y derecho a los alimentos que de disponibilidad en general. Además, la sostenibilidad suele definirse de forma demasiado restrictiva, sin tener en cuenta sus elementos sociales y económicos vitales, como los medios de subsistencia, la equidad, la justicia social y la viabilidad económica, aspectos que son clave en la visión de Slow Food.

 

¿Cuál es la solución?

«Slow Food cree que solo las soluciones que aborden al mismo tiempo los retos de la seguridad alimentaria, el cambio climático, la salud y la pérdida de biodiversidad y que incluyan una perspectiva de justicia climática deben figurar en la mesa de negociaciones», afirma Mukiibi.

«El IPCC ha respaldado específicamente la agroecología como solución climática, junto con el empoderamiento de las comunidades locales, puesto que pueden mejorar la resistencia a los efectos del cambio climático. También ha afirmado que una transición hacia dietas sanas y sostenibles puede ayudar a combatir el cambio climático, y esta es también la perspectiva que Slow Food sigue defendiendo abiertamente», continúa el presidente de Slow Food, Edward Mukiibi.

La agroecología como enfoque holístico: la única forma posible de derrocar un sistema alimentario que saquea los recursos naturales (empezando por el agua y el suelo) y degrada la soberanía alimentaria es la transición hacia la agroecología.

Eliminación progresiva de los combustibles fósiles: la reforma alimentaria debe ir de la mano de la reducción de los combustibles fósiles. No podemos transformar los sistemas alimentarios sin eliminar los combustibles fósiles, y viceversa. Centrarse en los sistemas alimentarios no debe restar atención a la necesidad de una eliminación mundial rápida, justa y equitativa de los combustibles fósiles en todos los sectores, en consonancia con el objetivo de 1,5 °C. Una nueva investigación publicada por la Alianza global para el futuro de la alimentación concluye que los sistemas alimentarios representan al menos el 15 % de los combustibles fósiles que se queman cada año en el mundo, lo que equivale a las emisiones totales de la UE y Rusia juntas. Los combustibles fósiles se utilizan en todas las fases de la cadena alimentaria. Por ejemplo, para fabricar fertilizantes sintéticos, pesticidas y envases de plástico para alimentos se utiliza petróleo. Además, los combustibles fósiles también se queman para producir energía y alimentos ultraprocesados y para transportar alimentos por todo el mundo.

Transformar el sistema alimentario: en la actualidad, más del 70 % de los planes climáticos de los países carecen de estrategias centradas en la alimentación, pero estos planes son una herramienta crucial para abandonar los métodos industriales de producción de alimentos y adoptar formas de agricultura más sostenibles, es decir, la agroecología. «Esto no solo protegería el planeta, sino que también ayudaría a atajar las raíces del hambre, crear empleo, mejorar la salud y proteger la biodiversidad», concluye Mukiibi.

El 10 de diciembre, día que la COP 28 dedica por primera vez a la Alimentación, la Agricultura y el Agua, la red Slow Food celebrará en todo el mundo el Día de Terra Madre, una jornada para celebrar la alimentación buena, limpia y justa para todos, en la que se mostrará cómo las comunidades locales ponen en práctica soluciones para luchar contra la crisis climática.

 

 

 

 

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